Okay, esta entrada sí va a estar muy buena y juicy.
La primera vez que viajé a Australia fue en noviembre del 2015. Tenía 23 años, estaba mega deprimida y mega ansiosa. Estaba por empezar mi año final de la carrera, pero justo en ese semestre (el segundo de 2015), me salí de la escuela porque mi ansiedad y depresión llegaron al peor punto de mi vida (hasta ahora). Así que mi familia me apoyó durísimo durante esos meses con mis terapias y todo lo que me ayudara a mejorar. Ellos fueron quienes me propusieron no entrar ese semestre a la escuela para poder estar lo más estable posible e iniciar el año final: el de la tesis. Tuve su apoyo incondicional y siempre estaré agradecida por eso.
En algún punto de ese semestre sabático, mi hermana y yo nos hicimos muy unidas. Supongo que tiene que ver con la crisis que me hizo tomar ese break. En fin. Ella me propuso un viaje a Australia, Nueva Zelanda y un crucero por algunas islas del sur del Pacífico. No era nuestro primer viaje juntas, pero sí fue el primer viaje que definiría que somos muy buenas compañeras de viaje. A mí me encantaba la idea porque siempre tuve algo por Australia y me moría por conocer (ella ya había ido a Australia varios años antes). Además, quería cumplir uno de los primeros propósitos viajeros que me había puesto: visitar todos los continentes habitables antes de los 25, y Oceanía era el último que me faltaba. Así que era obvio que jalaría para ese viaje.
Nuestra primera escala sería por LAX. Llegamos por la mañana y nos iríamos en la noche, así que recorrimos todo L.A. durante el día en un Mustang convertible, sintiéndonos Hilary y Haylie Duff en el video de Our Lips Are Sealed, JAJAJAJA. Pero era Thanksgiving, así que estaba toooodo vacío. Fuimos a un Walgreens en Santa Mónica y se me acercó una chica trans mientras yo metía algunas cosas adentro de mis maletas y me preguntó si le podía decir cómo se veía, porque era la primera vez que salía vestida de mujer. Ay, mi corazoncito sintió muy bonito de que se me acercara a mí en específico para algo así de heavy. Obvio le dije que se veía increíble (lo cual era cierto). Pero iniciar ese viaje con esa pequeña pero muy significativa interacción, sí hizo algo diferente.
En la tarde regresamos a LAX y tomamos nuestro vuelo a la siguiente escala: Auckland. Honestamente, esta se me hace la ruta más pesada para viajar a Australia desde México… pero esa fue la primera visita, así que me la perdono. Estuvimos solo unas horas y después tomamos el último vuelo a Sídney… y desde la llegada, todo cambió para mí.
A ver, yo venía de unos meses, casi un año entero, neta muy, muy cabrones. De depresión cabrona que estuvo enterrada en mí desde los 13 años; ansiedad, que nunca había sabido cómo nombrar hasta unos meses previos a este viaje, pero siempre había estado esa ansiedad ahí, dentro de mí. Llegar a Australia fue un shift muy cabrón en mi vida. La verdad es que no había investigado mucho antes de llegar. Sí, quería saber de qué estaba hecha la Ópera House, sabía que sería verano en esa época, y en esos años pasaban por la tele la versión Aussie de Miami Ink, que se llamaba Bondi Ink, así que sí sabía de la existencia de una playa muy famosa llamada Bondi Beach… pero prácticamente era lo único que sabía. Justo antes de aterrizar, el avión pasa por todo el Sydney Harbour y la vista de todo esto… me sacó cabrón de pedo. Veía el mar, el Harbour, el que en ese entonces no sabía que se llamaba Parramatta River, la Opera House y el Harbour Bridge… y después aterrizamos. Neta, esta es una de las mejores vistas antes de aterrizar que he visto en mi vida (y mi favorita, obvio).
Salimos del aeropuerto y, literal, recuerdo la sensación del aire salado que automáticamente tuve al salir por primera vez. Llegamos a nuestro hotel en China Town y moríamos de hambre, así que nuestra primera parada fue ir al Hard Rock Café(que ya no existe, jajajajaja) en Darling Harbour (en un mall que tampoco existe ya, jajajajaja). Estábamos en el mero-mero centro de Sídney y todo, todo me encantó. Hubo algo ahí que me reseteó todo muy cabrón desde el primer momento. Ese día nos la llevamos leve, pero al siguiente día recorrimos la ciudad, vi la Opera House de cerca por primera vez, fuimos a los museos de arte… todo se sintió extraño pero chingón. Era la primera vez en mucho tiempo, probablemente años, que me sentía tranquila, plena, feliz y, en general, bien… y por eso era extraño, pero lo mejor aún estaba por venir.
Al siguiente día fuimos a Bondi Beach. Aún recuerdo la primera vista de la playa desde el autobús. Me encantó el vibe y la forma en la que Bondi está “formada”, so to speak. Cafés, tiendas y restaurantes de un lado de la calle; un estacionamiento, un parque de skate, murales con grafitis y el Pabellón del otro lado; y después, la hermosa playa de Bondi con los Bondi Icebergs (albercas con agua del mismo mar), que no es para nada como las playas a las que yo estaba acostumbrada. Mi hermana y yo llegamos temprano, compramos unos sándwiches y unas toallas de playa, y nos fuimos a hacer nuestro picnic playero. Esto ya fue literal el último día de noviembre (tengo muy buena memoria para las fechas), y era ya el mero verano. Y esa fue la mejor forma de enterarme que en Australia hay un hoyo en la capa de ozono que hace que el cáncer de piel sea muy común por allá. Me di una de las peores quemadas de mi vida… pero aquí también pasó algo cabrón.
Unos años antes había sido el boom de las dating apps. Ya no eran sitios online para frikis, ahora eran apps donde tooodo mundo estaba. Este boom, al menos en México, recuerdo que fue en 2013. Yo ya llevaba un año en las dating apps, pero nunca me funcionaron… hasta este viaje a Australia. Y a ver, ya han pasado prácticamente 10 años desde esta experiencia, pero neta venía de una época muy culera en la que me sentía worthless y ningún wey me hacía caso. Yo sé (y lo he sabido por años) que mi valor como mujer y persona no dependen de lo que un hombre piense de mí o el valor que un wey me dé, pero aquí sí pasó y, la neta, estoy muy agradecida de que así haya sido, jajajajajaja.
Matcheé con un wey al que le diremos P. Este wey estaba muy cabrón. Estaba súper hot, era biker, tenía cabello largo… era mi fantasía. El tipo de wey que siempre pensé: “quiero uno así”. Pues este wey era así. Y resulta que también él se estaba cagando por mí desde el primer momento. Y obvio, yo no me la creía en ese momento porque #lowselfesteem.
Yo no recuerdo en qué pinche momento yo le di like primero, pero me matcheó mientras estábamos mi hermana y yo en Bondi. P y yo pasamos platicando todo el día. Mi hermana sí notó que estaba más sonriente, pero logré esquivarla. Como el sol estaba muy cabrón en Bondi, nos fuimos al Queen Victoria Building y al Westfield del CBD de Sídney de shopping. La neta es que no íbamos a estar tanto tiempo en Australia. Sídney iba a ser nuestra única parada en este viaje. Así que cuando P me preguntó sobre mi itinerario, me invitó a salir al día siguiente, a lo cual OBVIAMENTE acepté… y este fue mi primer Tinder date ever. Y la neta es que puso la vara mega alta. O sea, ya con tener un date con el wey de mis sueños (de ese entonces) en Australia, ¿cómo verga iba a volver a datear en México? Imposible.
Ese día, después de todo el rush de emociones, se lo solté a mi hermana: “pues un wey me invitó a salir”, jajajajajaja. Después de ver koalas y canguros en los zoológicos (de lejitos porque en Nueva Gales del Sur no se pueden tocar a los animales), regresamos temprano al hotel para que yo me tuneara y fui a mi date.
Quedamos de vernos en una estación de tren de un lugar que se llama Newtown (que es de mis zonas favoritas en Sídney). Como yo no sabía tomar el tren, me fui en taxi y llegué antes que él. Yo iba súper insegura porque, mentalmente, yo estaba de la chingada. Pensé que el wey se iba a largar en medio del date, se iba a inventar cualquier excusa para dejarme plantada, dudé mucho si me veía igual a mis fotos de perfil o si yo andaba catfisheando a los weyes sin querer… jajajajajaja. Nos estábamos mensajeando hasta que yo le pregunté: “Where are you?” Y el cabrón me contestó: “Next to you?” Y me mega zurré cuando volteé y vi a un cabrón de 28 años de cabello castaño oscuro largo con una bandana, ojos azules, midiendo 2 putos metros, con chamarra de piel, camisa azul marino de botones, jeans y botas biker, en una mano el celular y en la otra, el casco de moto…
Me morí. O sea, diez años han pasado y desafortunadamente me sigo acordando de cómo iba vestido el hijo de su puta madre, jajajajajaja (también me acuerdo perfecto de qué traía yo, pero lo único que de verdad importa es que lo que traía encima era media botella de Rivotril).
Corrí a sus brazos y fue muy cabrón todo. Estuvimos horas en el date, conociéndonos y todo, y cuando fuimos por algo de tomar (no podíamos tomar alcohol por razones muy diferentes: él en la moto, yo enrivotrilada), pero cuando lo vi sacar la cartera para pagar, me di cuenta de que el cabrón estaba temblando. Y sí me saqué de pedo cabrón. Literal pensé: “¿A este wey de 20 metros… lo estoy poniendo nervioso???” Obvio sí. Ya era yo una mega babe, pero aún no me lo creía en esa época.
En algún punto nos besuqueamos y de ahí no me soltó la mano (y ahí noté que no solo le temblaban las manos, también le sudaban al cabrón). Para no hacer el cuento largo, terminamos haciendo cosas ilegales en lugares públicos, jajajajajajaja, pero nunca nos cacharon ni nada. La neta, siempre me sentí segura con él y no me dio miedo hacer esas cochinadas con él. Pero lamentablemente terminó.
Al siguiente día yo estaba en trance. Como de: “Verga, ¿neta esta aventura pasó?” Seguimos recorriendo mi hermana y yo la ciudad y todo, pero era nuestro último día y partimos hacia nuestro siguiente destino: Auckland.
P y yo seguimos en contacto durante el resto de mi viaje e incluso durante los siguientes meses, cuando yo ya había regresado a México y retomé la escuela para empezar mi año de tesis. No sabía cuándo iba a regresar a Australia (aunque aquí ya sabía que obviamente tenía que regresar pronto y ya sabía que ahí era el lugar en el que me encantaría vivir). Yo ya estaba lista para soltarlo a él, pero honestamente, fue un rollercoaster para mí. Muchas veces sí sentí que ya lo había soltado, pero tiempo después, me di cuenta de que no. Y, más o menos un año y medio después, cuando ya había terminado la escuela, P y yo volvimos a estar en contacto cuando se enteró de que yo iba a pasar unos meses en Sídney. Pero eso ya es parte de otra historia.
La verdad es que, aunque las cosas fueron fugaces con P durante esa primera visita en Australia, él me dio algo que nunca en mi vida había recibido antes: me validó y me vio más allá de la superficie (y lo hizo en chinga el cabrón). Sí, claro que quería salirse con la suya, pero fue el primer wey que me demostró con acciones y palabras que todo lo que yo siempre creí que estaba mal, incorrecto o feo en mí, eran justo las cosas que a él le gustaron de mí. Sé que suena de la chingada que mi valor en ese entonces haya sido activado por un wey, pero en ese momento específico de mi vida, no tenía eso de absolutamente nadie. Ni siquiera de mí misma. Y fue ahí donde tuve ese shift en mi vida.
Fue ahí donde me empecé a cuestionar: “Tal vez no soy taaan worthless como siempre he creído que soy o me han hecho creer y sentir. Tal vez sí hay gente que se va a sentir atraída a mí tal y como soy. Sin tener que dejar de ser quien soy en realidad, aunque esta pinche gente viva en el culo del mundo.” Y la neta es que esta experiencia sí me cambió la vida. Y esa fue la primera cosa en la vida que le agradecí a Australia. Si no hubiera sido por ese viaje, ese encuentro con P y toda esa experiencia, honestamente me hubiera costado mucho más trabajo salir de ese hoyo en el que estaba.
Salir de Australia fue durísimo. Tomamos la misma ruta de llegada para salir así que salimos desde Sídney, fuimos a Auckland, LAX y llegamos a México justo antes de Navidad. Pero durante el vuelo de Sídney a Auckland pasó algo que nunca me había pasado: lloré de dejar un país y toda una historia detrás. Por eso siempre tuve ese feeling de que Australia todavía tenía más cosas para mí. Y claro que tuve razón…
Este primer viaje a Australia no solo me hizo darme cuenta de que mi mentalidad no es compatible con la del resto de México. Hay muchas partes de mí que no son compatibles con mi propio país, y es rarísimo. Amo a México. Pero no puedo negar que prácticamente nunca he sido compatible con los hombres de aquí. En ese viaje fue cuando abrí mi mente a: “si quiero tener aventuras o vincularme con hombres, no tiene que ser a huevo en México.” Y, a partir de ahí, abrí mi mente (y las piernas) a todas las posibilidades que el mundo me podía brindar, más allá de la experiencia de viajar y explorar, sino también de descubrirme a mí misma como mujer, como ser sexual y deseable. Y no es que en toooodos mis viajes vaya en mood de “a ver qué pesco o quién se deja caer”, pero sí hay muchos lugares que se prestan perfecto para abrirse en ese ámbito. Y fue ahí donde pasó esa revelación para mí por primera vez, y me dio algo que no pensé que iba a tener jamás: self-confidence.
Y por eso, desde entonces, Australia no solo es un destino: es mi verdadero punto de partida.
— M