¿Por qué me caga comprar souvenirs para otras personas mientras estoy de viaje?

   

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Este es un tema que parece no gustarle a muchas personas… y es por eso que me encanta.

Hace unos años fue cuando pensé seriamente en esto, cuando me encontraba de viaje en un crucero con unos amigos. Éramos un matrimonio y yo, y en una de las islas en las que paró el crucero pasamos más de dos horas buscando encargos que otras personas le habían hecho a la mujer del matrimonio. Pero no eran encargos específicos: eran vasos de shots, ceniceros, gorras y cosas así que decían el nombre del país/ciudad.

Además de que odio esos souvenirs, me hizo reflexionar muchísimo en: ¿por qué la gente hace eso?, ¿por qué se disponen a gastar tanto dinero y tiempo en souvenirs horribles para personas que ni siquiera fueron a ese lugar, no tienen nada que recordar y lo único que van a decir es “me lo trajo equis de tal lado”?, ¿qué clase de historia es esa?

Lo peor esa vez es que no solo eran esos souvenirs, sino que también una amiga suya (que conozco y le pondremos Marichuy) le pidió que, de cualquier lugar que visitara, le trajera tazas de Starbucks, de esas que tienen el nombre del lugar. Debo admitir que ese sí es un mejor souvenir, pero lo culero es que esta mujer nos hizo recorrer media isla para llegar al único Starbucks y comprarle la taza a Marichuy.

Cuando le conté a mi hermana sobre esto, se cagó de risa y, desde entonces, cada que vamos a un lugar nuevo y vemos un Starbucks, no podemos evitar pensar que tenemos que entrar para comprarle la taza a Marichuy.

Cuando era chica, sí acostumbraba a hacer eso de comprar regalitos de mis viajes para amigas o hasta para mis maestros cuando estudiaba, pero creo que lo hacía sin pensar, o como por inercia, o porque “era lo que tenía que hacer”. Después de notar lo que esta mujer hacía, me hizo reflexionar muchísimo sobre este hábito. No lo voy a negar, hay una parte de mí que sigue haciendo esto, pero solo para personas muy cercanas, como la mejor amiga de mi mamá que nos pidió que le compráramos un imán de cada lugar que visitamos mi hermana y yo. Sí lo hacemos, pero solo cuando nos topamos con algún imán lindo; jamás pasamos horas de nuestro viaje solo buscando un pinche imán o gastando un chingo de dinero en eso.

Y ahora que tengo un sobrino, estoy en la gran tarea de hacerle una colección de esas playeras horrorosas que dicen: “Alguien que me quiere mucho fue a Equis lado y me trajo esta playera” jajajajajaja. Pero es más de coto que nada.

Otro hábito que sí tengo al viajar y que involucra souvenirs (pero que me parece lindísimo), es escribir postales. Empecé en 2013 con mi hermana, y aunque muchas veces estamos juntas en los viajes, aún así nos mandamos postales entre nosotras (muchas veces nos hemos mandado postales de broma, como las primeras que nos enviamos desde Londres con la cara de Lady Di). Esta tradición la sigo haciendo con mi hermana, ahora con mi sobrino (desde que estaba en la panza de su mamá), y con uno de mis mejores amigos que vive en Utrecht.

Este sí llega a ser un hábito caro, no por la postal tal cual, pero sí muchas veces por el envío. Aun así, se me hace un souvenir que, aunque parecería común porque es relativamente fácil encontrar postales, no es tan común, pero sí muy auténtico. Es de mis actividades/tradiciones favoritas al viajar, tanto que hasta tengo un tatuaje que honra esta tradición, y creo que nunca dejaré de hacerlo.

No estoy totalmente en contra de comprar souvenirs para las personas que quieres y hacerles ver que pensaste en ellos mientras estabas lejos, porque, de cierta forma, es algo que yo también hago. Creo que estoy en contra de cuando uno mismo (o la persona que encarga) lo vuelve obligación, cuando es algo que de verdad sale carísimo y el objeto es horrible la mayoría de las veces. Me parece que es mejor dar souvenirs más personalizados, como las postales, que comprar un vaso de shot pedorro y mal pintado que, aparte, sale carísimo.

—M