A finales del 2024, justo cuando recién me había propuesto visitar 100 países antes de cumplir 35, una de las agencias con las que acostumbro a viajar lanzó un viaje a Siria para marzo de 2025. ¡Obviamente no me lo podía perder! Así que mi hermana y yo reservamos nuestros lugares.
El plan original terminó cambiándose para iniciar en Jordania. Eso sí, desde el principio nos advirtieron que teníamos que estar súper abiertas a cambios de itinerario.
En diciembre de ese año, Bashar Al-Assad se va a la chingada de Siria y puso en jaque si sí se haría el viaje o no (y a Siria también, obvio). Afortunadamente, esto resultó ser mucho mejor porque Siria estuvo muy tranqui durante esos meses. Así que el viaje siguió en pie.
Sí había mucha incertidumbre y miedo de lo que encontraríamos ahí, pero sin duda, puedo decir que Siria se ha convertido en mi país favorito de Medio Oriente (y uno de mis favoritos ever también).
Llega marzo y, después de pasar unos días en Jordania, regresamos a Amán para encontrarnos con el grupo, la introducción y la cena de bienvenida.
Amigos de otros viajes también estaban ahí y algunos nuevos también. Fue muy bonito volverlos a ver.
Salimos de Amán para cruzar la frontera por tierra. No fue tanto tiempo, tal vez una hora y media o dos. Los nervios se sentían en el aire. Todos estábamos con la incertidumbre de qué nos esperaría una vez que cruzáramos, incluso si sería fácil cruzar (y sí, lo fue).
Llegamos a la frontera y las banderas de la “nueva Siria” ondeaban. Nos bajamos del camión, caminamos hacia las oficinas y absolutamente todo el personal era súper amable (y no dejaban de decir que éramos las primeras mexicanas que veían). Todas las personas que cruzaban eran personas de Jordania porque acostumbran a ir a Siria porque todo es más barato allá (como los gringos que se cruzan a México). Éramos los únicos turistas (y prácticamente, así fue durante el resto del viaje).
Las oficinas eran bastante modernas, limpias y todo salió súper smooth… ¡mi pasaporte ya estaba con el sello de Siria! (que, gracias a Dios, estaba completamente en árabe, así que no habría tanto pedo de que dijera “Syria” tal cual).
Al cruzar oficialmente, todo se veía bastante normal. Mezquitas, casas bastante normales. Como en cualquier otro lado de Medio Oriente. Lo único diferente es que habían huachicoleros sirios (vendían gasolina por su cuenta porque el gobierno anterior les distribuía cierta cantidad de gasolina al mes, que obvio no era suficiente) y, cada tanto tiempo, pasábamos por checkpoints de rebeldes sirios (que eran súper buen pedo en su mayoría, excepto los del último checkpoint que pasamos, pero de eso hablaré después). En algunos checkpoints se subían y nos pedían nuestro pasaporte. En otros solo hablaban con el guía y/o el conductor, pero en general todo fue muy tranqui y hasta nos saludaban a lo lejos.
Tuvimos que hacer una parada para comprar snacks en una tienda que encontramos abierta porque… fuimos en Ramadán, a.k.a.: no habría comida hasta en la noche. Y prácticamente todo el viaje la pasamos comiendo cochinadas durante el día porque en serio no había nada.
Ahí en la tienda, empezamos a ver todas las cosas súper diferentes que vendían. Dulces “piratas” y cosas así. La gente obviamente nos vio y se nos empezaron a acercar. Niños corriendo a nosotros nos saludaban con la mano y después la volteaban para pedirnos dinero.
Tuvimos que hacer una escala técnica a las afueras de Damasco para cambiar camiones. Aquí la gente fue mucho más linda. En especial unas niñas que nos vieron desde su casa y nos empezaron a grabar con los celulares jajajajaja.
Pero el primer shock real literal estaría a la vuelta de la esquina desde el nuevo camión: aquí fue la primera vez que vimos edificios y pueblos enteros totalmente destruidos. Solo ruinas. Creo que muy pocas veces en mi vida he tenido shocks y mindfucks así de fuertes. Todo lo que alguna vez vi en las noticias, en la tele, no podía creer que ahora lo estaba viendo con mis propios ojos, desde el camión.
Pasaron algunas horas más y llegamos a la base de Krak des Chevaliers, el castillo medieval mejor conservado (aún con todo y que ha sido destruido en la guerra civil). Como ya llegamos tarde y ya era hora de por fin cenar, fuimos aún más cerca del castillo, a un mirador y donde solía estar uno de los restaurantes más famosos de Siria, por tener una vista muy linda del castillo. Pero el camino ahí estuvo culerísimo.
Al subir en el camión hacia el castillo, fue horrible ver de cerca todos los edificios destruidos, pero sin duda, lo más culero es que ¡había gente viviendo ahí todavía! Eso me dio en la madre MUY cabrón. Me contuve todo ese tiempo que estuvimos en el mirador y la cena.
Justo al lado del mirador, estaban las ruinas del restaurante. Y estuvo cabronsísimo ver platos rotos afuera de las ruinas, como si hubieran sido rotos apenas ayer. A pesar de que ya llevaban más de 10 años ahí.
Lo más cercano a lo que puedo comparar toda la destrucción es al terremoto en CDMX en septiembre del 2017. Pero 10 veces peor.
Al regresar a nuestro hotel (que, by the way, estaba MUY bonito), no pude evitar desahogarme con mi hermana. Definitivamente, la primera noche en Siria fue una de las más shockeantes y la peor noche de todo el viaje.
Al día siguiente, recorrimos el castillo por dentro y puedo decir con toda seguridad que ha sido el castillo más hermoso que he visto en mi vida (y eso que me caga visitar castillos). Era literal lo que te imaginas de un castillo medieval: puertas enormes de madera, un canal rodeando todo el castillo, paredes de piedra… Pero aquí también hubo un shock cabrón. Todo el tiempo fuimos escoltados por un wey empistolado. Y ya sé que en México tal vez es común ver eso cuando le meten dinero a un cajero y cosas así, pero aun así me sacó de pedo porque no entendía si nos estaba cuidando o estaba cuidando que no hiciéramos nada en el castillo (y listo para verguiarnos si nos pasábamos de pendejos). Pero sí estaban para cuidarnos a nosotros en caso de que ISIS inesperadamente llegara (cosa que apenas había pasado tres meses antes, según nuestro guía. No biggie).
Después del castillo, fuimos a la ciudad de Homs. Ahí visitamos una de las primeras iglesias ever. Fue la primera vez que caminamos por las calles y estuvo muy cabrón. Pasamos por una panadería (que parecía una tortillería) y nos regalaron pan. Literal les queríamos pagar, pero nos decían: “Se los regalamos para que hablen bien de nosotros.” Y verga, esa ha sido de las cosas más heartbreaking que he escuchado en mi vida. Porque, además, sí son súper amables en Siria, no había necesidad de que nos dijeran eso.
También cuando estábamos ahí en la iglesia, nos topamos con una morra que hablaba inglés perfecto. Iba caminando por la calle y, cuando nos escuchó hablando a todos, se frenó en seco y empezó a hablar con nosotros. Resulta que era una chava siria que se fue a Washington cuando empezó la guerra. Tenía 11 años entonces y no había regresado a Siria hasta entonces. Su familia y ella regresaron a Homs para ver cómo estaba su casa (la cual estaba intacta; sus vecinos les cuidaron la casa por tantos años). Y se emocionó muchísimo de ver a los primeros turistas desde la guerra.
Llegamos a la mezquita principal de Homs, Khalid ibn al-Walid, y una bandera enorme estaba encima de los edificios destruidos. Honestamente, el ambiente en Siria era muy diferente a lo que esperaba. Había mucha esperanza y confianza en que las cosas mejorarían (y de todo corazón, espero que sí sea así). La gente se nos acercaba y nos veían como bichos raros (habíamos personas de Irlanda, UK, Singapur, Sudáfrica, gringos y, obvio, las mexicanas).
Después de ahí, nos dirigimos a Alepo. Me daba mucha cosa llegar allá porque literal todo lo que sabía de Alepo era por las noticias que por años escuché en la tele. Pero sin duda fue una gran sorpresa llegar allá. Llegamos por la tarde y vimos la citadela (como un castillo, pero mini) por fuera y recorrimos el zoko principal cuando ya había cerrado para recorrerlo sin gente. Había unas partes remodeladas (muy lindas), pero en su mayoría, todo estaba destruido.
Mientras caminábamos por las ruinas, nos topamos con unos camarógrafos y reporteros franceses que también se sacaron de mega pedo de vernos como turistas. El dueño de la agencia acostumbra ir a todos los viajes, así que le empezaron a preguntar que qué pedo, cómo armó todo para hacer un viaje turístico ahí? Jajajajaja.
Extrañamente, estando en las ruinas, nunca vi ninguna cucaracha o rata. Eso también me sacó de pedo.
Llegamos al hotel… y resultó ser un pinche Sheraton. Jamás me imaginé que durante este viaje terminaríamos quedándonos en buenos hoteles. Yo ya iba mentalizada a que nos quedaríamos en hoteles culeros y eso también fue rarísimo. Aparte de que este Sheraton ha sido uno de los más bonitos que he visto. Neta, what the fuck?
Más tarde, caminamos hacia el que, según nuestro guía, era el mejor kebab de Siria (y sí, estaba buenísimo. O tal vez era que moríamos de hambre). Pero recorrer las calles completamente vacías (incluso de carros) se sintió muy surreal y raro.
Pensaba que toda mi experiencia en Siria podría caber en una sola entrada, pero para hacer esto más fácil de leer y más detallado, lo mejor será hacerlo en 3 partes… ¡así que pronto continuaré con la siguiente parte de Siria!
— M